El arte de la
ventriloquia se remota a Egipto como una forma de entretenimiento o quizás algo
más, pues en la antigüedad se utilizaban muñecos como medio para
"comunicarse" con entidades del más allá. Así, en África se le
relacionó a la magia negra y a una forma de estafar a las personas que deseaban
hablar con sus seres queridos. Este término se derriba del latín venter =
estómago y loqui = hablar.
Con el paso de
los años esta actividad dejó de ser mal vista o satanizada y se la utilizó como
un verdadero arte, por ello se empezaron a diseñar muñecos con características
más reales de forma que la presentación sea más creíble. Han existido grandes
figuras que han hecho reír a más de un centenar de personas pero esta vez les
traigo a un ventrílocuo que con su creatividad e ingenio fue capaz de salvar
vidas. Él es Paul Winchell, un hombre de origen polaco que se erradicó en
Estados Unidos y gracias a su talento, carisma y dominio de la voz, llegó a la
televisión con su show e interpretó las voces de algunos personajes como
Tigger, el inseparable amigo de Winnie de Pooh.
A
lo largo de su vida, y gracias a su gran capacidad inventiva, Paul Winchell
patentó una treintena de artilugios; desde una maquinilla de afeitar
desechable, una pluma estilográfica retráctil o un encendedor sin llama, hasta
un liguero invisible. Sin embargo, ninguna de ellas fue tan espectacular como
su corazón artificial, un sistema que ha ayudado a salvar miles de vidas.
(ABC News, 2013)
Su gran logro
surgió cuando conoció al médico Henry Heimlich en uno de sus programas, con él
entabló una gran amistad, lo que hizo que conociera más de cerca la vida médica
y la necesidad de salvar vidas por medio de un aparato que permitiese el bombeo
de sangre mientras se realizara una cirugía de corazón abierto. Por ello,
Winchell trabajó por mucho tiempo fabricando dicho instrumento basándose en la
construcción de sus muñecos, hasta que un día logró desarrollar un prototipo
que registró en 1956. Se le concedió la patente en 1963.
Tiempo
después, Winchell donó la patente a la Universidad de Utah, donde llegó hasta
un médico investigador llamado Robert K.
Jarvik que, basándose en su funcionamiento, diseñó el Jarvik-7 que
en 1982 se convirtió en el primer corazón artificial implantado en
un paciente humano.(ABC News, 2013)
Aquí les dejo
con una línea de tiempo de la historia de esta curiosa arte y sus mayores
exponentes.


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