En
la época estalinista un hombre fue capaz de revolucionar el mundo de la
medicina, mediante la creación de un aparato que permitió el funcionamiento de
órganos vitales después de que su dueño haya fallecido. Este hombre fue el
científico Serguéi Briujonenko nacido en 1890, quien fue uno de los líderes del
Instituto de Investigación de Cirugía Experimental de Rusia, gracias a la creación del autojektor, un dispositivo que
cumplía las funciones del corazón y los pulmones. Este bombeaba sangre y
distribuía oxígeno por las venas, de
esta manera Briujonenko logró revivir la
cabeza de un perro que fue parte de un experimento para probar dicho aparato. También, se utilizó otro can que fue sedado para retirarle toda la sangre del
cuerpo hasta que cesen sus signos vitales, y así demostrar su muerte
y comprobar que el autojektor también se
puede utilizar en organismos completos dando sorprendentes resultados.
Es
entonces como, en el primer caso, la cabeza del perro empezó a pestañear rápidamente y presentaba pequeños temblores,
además se le aplicó diferentes estímulos como el sonido, el olfato y el gusto,
colocándole un poco de ácido cítrico en el hocico de modo que el can sacó la
lengua para probarlo. Mientras que en el segundo, el perro movió la cabeza
bruscamente y reaccionó al tocar su ojo con una fina vara de metal. Finalmente,
para indicar que el experimento no sólo es capaz de devolver la vida por un momento,
al segundo can se le cerraron las heridas hechas en las venas y se lo
desconectó de la máquina probando que después que despierta tiene signos
vitales y regresa a retomar sus actividades normales.
En
la actualidad los avances médicos que surgieron de dicho experimento fueron los
aparatos para las quimioterapias y diálisis, además de contribuir al desarrollo
de marca pasos para el corazón y la realización de operaciones de corazón
abierto.
Una
vez que este científico falleció, en el año de 1960, se le otorgó de forma
póstuma el Premio Lenin, el cual era entregado a personas que sobresalían en
los campos de la ciencia, literatura, artes, arquitectura y tecnología.
En el siguiente video podrán apreciar todo lo mencionado y darse cuenta de la
magnitud del ingenio de este hombre empero no deja de ser algo cruel con los
animales. Por ello, en el año 2003 se desarrolló una máquina para reducir la experimentación en animales. Así lo aseguró la
dirección de Hurel, la empresa americana que la fabrica. La célula diseñada por
Hurel, de un tamaño no superior a un sello, contiene células del corazón,
hígado, riñón y otros órganos, separadas pero unidas por delgados canales de
fluidos. Cuando se añade un medicamento sobre uno de los cultivos, se puede
observar las diferentes reacciones químicas que provoca. Hurel ha creado un
consorcio, incluyendo al gigante farmacéutico Johnson & Johnson, para
desarrollar y comercializar este aparato, que podría estar disponible dentro de
un año. Aunque aún será necesaria la experimentación en animales para
determinar las pruebas finales de toxicidad, los fabricantes esperan reducir
estas cifras.
REFERENCIAS
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