lunes, 20 de enero de 2014

Frankestein no fue una fantasía

En la época estalinista un hombre fue capaz de revolucionar el mundo de la medicina, mediante la creación de un aparato que permitió el funcionamiento de órganos vitales después de que su dueño haya fallecido. Este hombre fue el científico Serguéi Briujonenko nacido en 1890, quien fue uno de los líderes del Instituto de Investigación de Cirugía Experimental de Rusia, gracias a  la creación del autojektor, un dispositivo que cumplía las funciones del corazón y los pulmones. Este bombeaba sangre y distribuía oxígeno por las venas,  de esta manera Briujonenko  logró revivir la cabeza de un perro que fue parte de un experimento para probar dicho aparato. También,  se utilizó otro can que  fue sedado para retirarle toda la sangre del cuerpo hasta que  cesen  sus signos vitales, y así demostrar su muerte y comprobar que el autojektor  también se puede utilizar en organismos completos  dando sorprendentes resultados.


Es entonces como, en el primer caso, la cabeza del perro empezó a pestañear  rápidamente y presentaba pequeños temblores, además se le aplicó diferentes estímulos como el sonido, el olfato y el gusto, colocándole un poco de ácido cítrico en el hocico de modo que el can sacó la lengua para probarlo. Mientras que en el segundo, el perro movió la cabeza bruscamente y reaccionó al tocar su ojo con una fina vara de metal. Finalmente, para indicar que el experimento no sólo  es capaz de devolver la vida por un momento, al segundo can se le  cerraron  las heridas hechas en las venas y se lo desconectó de la máquina probando que después que despierta tiene signos vitales y regresa a retomar sus actividades normales.

En la actualidad los avances médicos que surgieron de dicho experimento fueron los aparatos para las quimioterapias y diálisis, además de contribuir al desarrollo de marca pasos para el corazón y la realización de operaciones de corazón abierto.

Una vez que este científico falleció, en el año de 1960, se le otorgó de forma póstuma el Premio Lenin, el cual era entregado a personas que sobresalían en los campos de la ciencia, literatura, artes, arquitectura y tecnología. En el siguiente video podrán apreciar todo lo mencionado y darse cuenta de la magnitud del ingenio de este hombre empero no deja de ser algo cruel con los animales. Por ello, en el año 2003 se desarrolló una máquina para reducir la experimentación en animales. Así lo aseguró la dirección de Hurel, la empresa americana que la fabrica. La célula diseñada por Hurel, de un tamaño no superior a un sello, contiene células del corazón, hígado, riñón y otros órganos, separadas pero unidas por delgados canales de fluidos. Cuando se añade un medicamento sobre uno de los cultivos, se puede observar las diferentes reacciones químicas que provoca. Hurel ha creado un consorcio, incluyendo al gigante farmacéutico Johnson & Johnson, para desarrollar y comercializar este aparato, que podría estar disponible dentro de un año. Aunque aún será necesaria la experimentación en animales para determinar las pruebas finales de toxicidad, los fabricantes esperan reducir estas cifras.


REFERENCIAS

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